Nacimiento Ecológico y Sustentable

la Ley 25.929 “llamada Ley de Parto Humanizado” establece los derechos de las mujeres gestantes, sus hijos y las familias. Uno de sus puntos, nombra el derecho al parto natural que sea respetuoso de los tiempos biológicos y psicológicos, evitando prácticas invasivas y suministro de medicación que no estén justificados por el estado de salud de la parturienta o de la persona por nacer. Al considerar el nacimiento como un evento neuro-hormonal, se reconoce  que cada una de las etapas por las que atraviesa la gestante y su bebé: embarazo, parto, lactancia y vínculo se encuentran enlazadas cual cadena. Esto hace que los procesos fisiológicos hormonales y los procesos biológicos de una fase, anticipen y habiliten los procesos venideros y las necesidades de la siguiente. Por lo tanto, permitir que cada etapa llegue a su plenitud sin intervenciones garantiza de alguna forma el éxito de la siguiente.

Para lograr que los procesos fisiológicos fluyan en armonía no basta solo con la “no intervención”. Al hablar de neurohormonas decimos que estas se producen y/o tienen efectos sobre el sistema nervioso de la gestante y el bebé, en consecuencia, los estímulos sensoriales que la misma perciba tendrán también impacto en la evolución del nacimiento y los resultados obstétricos. El ambiente que aporte más beneficios será aquel que promueva la calma, la comunicación, el apoyo, y la confianza.

Otro de los puntos de la ley de parto humanizado expresa el derecho a la información, al trato digno, respetuoso e individual.  Esto forma parte de la evaluación de calidad de los servicios de salud, que no solo está fundada en la provisión de cuidados con prácticas basadas en las evidencias científicas y la tecnología apropiada, sino también en la huella que la experiencia de ese cuidado deja en el usuario. Ambas cosas son iguales de importantes, porque ambas cosas salvan vidas.

Esto se logra a partir de la promoción de un cuidado materno respetuoso desde un enfoque de atención que enfatiza los derechos fundamentales de las mujeres, los recién nacidos y las familias y que promueve el acceso equitativo a la atención basada en la evidencia, mientras reconoce las necesidades y preferencias particulares de las mujeres y los recién nacidos. El mismo debe estar basado en la dignidad, la confidencialidad, la privacidad, la comunicación efectiva, la posibilidad de estar acompañada, la continuidad en la atención y fundamentalmente en el respeto. Un respeto que va más allá incluso de aceptar la decisión de la gestante, es un respeto que llama a la “no indiferencia” por lo que nos obliga a involucrarnos y por lo tanto a responsabilizarnos por el momento del nacimiento.

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