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Parto Vertical y movimiento

Parto Vertical y Movimiento

Retorno a viejas costumbres

En 1985 se reúnen en Brasil representantes de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud (OPS) para discutir sobre las tecnologías apropiadas para el parto. De este encuentro surge la “Declaración de Fortaleza”, un documento en el que se describen una serie de recomendaciones para los profesionales de la salud, a favor de un cambio de rumbo en la atención tecnocrática del nacimiento. Una de estas recomendaciones, alienta a que se permita a la gestante a caminar durante el período de dilatación y a decidir libremente qué posición adoptar durante el período expulsivo o el nacimiento del bebé.

El movimiento durante el trabajo de parto y la posición vertical, sentada o en cuadrupedia (manos y rodillas apoyadas) formó parte del conocimiento empírico de parteras tradicionales y culturas no occidentales. Existen innumerables registros históricos en dibujos y esculturas de este hecho. La modernidad y la colonización trajo consigo la posición de litotomía y la silla de parto, pero las evidencias actuales resignifican estas prácticas que se resisten a quedar en el olvido.

Imagen: Tlazoltéotl, diosa azteca que aseguraba salud a las madres en sus partos

Tlazoltéotl, diosa azteca que aseguraba salud a las madres en sus partos

Los clásicos libros de obstetricia describen, con fines pedagógicos, el trabajo de parto en forma mecánica o por etapas de progresión de la cabeza fetal a través del canal de parto. El feto avanza por la dirección de la fuerza de las contracciones uterinas y realiza movimientos pasivos para adaptarse a las diferentes dimensiones de la pelvis y sus resistencias óseas. El canal del parto es representado como un anillo óseo no sólo uniforme sino inmóvil o apenas móvil gracias a un pequeño movimiento del sacro que ayuda a ampliar el espacio de salida. Textos académicos editados en el 2005 y clases magistrales en las universidades de medicina resultan, en cierta forma, contradictorias con las recomendaciones de 1985.

Algunas respuestas llegan de la mano de quienes se dedicaban al movimiento, la danza y la psicomotricidad, como Blandine Calais-Germain y Nuria Vives. La combinación de su trayectoria académica, la experiencia de sus propios partos y la de muchas matronas les permitió crear el libro “Parir en movimiento” ©. Este texto, indispensable para quien pretende acompañar una gestante en el nacimiento, describe la movilidad de la pelvis en el parto, su capacidad de transformación a partir del estado peculiar de mayor laxitud de las articulaciones de los huesos que la componen y posturas facilitadoras que sirven: para sugerir o simplemente para comprender por qué una gestante se posiciona espontáneamente de tal o cual manera durante su propio trabajo de parto.

 

“El hecho de comprender que la pelvis se mueve, pero sobre todo que se deforma en su interior,

 ya significa un gran paso para no obstaculizar este movimiento en el momento del parto”

(Introducción del libro: Parir en Movimiento©: La movilidad de la PELVIS en el parto)

Lo primero que demostraron las investigaciones, a través de revisiones sistemáticas, es la ausencia de riesgos en las posiciones diferentes a la supina, a excepción de una tendencia a presentar con mayor frecuencia desgarros perineales de segundo grado y perdida estimada de sangre mayor a 500 ml en las posiciones verticales.  También describieron beneficios como una reducción en el tiempo de trabajo de parto de 1 hora aproximadamente, menor probabilidad de someterse a una cesárea, de requerir analgesia, de encontrar patrones anormales en la frecuencia cardíaca fetal, de parto instrumentado (como fórceps) y de requerir episiotomía. Esta lógica científica se suma a la dimensión subjetiva que es atravesada por fenómenos culturales, sociales e históricos que deberían conjugarse para promover una experiencia positiva de parto y porque no, una experiencia de gozo.

 

La mayoría de las publicaciones concluyen que no se puede recomendar una postura sobre otra. Se trata aquí de respetar la elección de la gestante cualquiera sea, de acompañar, informar, y estimular el movimiento que mejore su confort y le permita al bebé perfilarse a su salida. Se trata de dar herramientas para que la gestante escuche su cuerpo, confíe en su naturaleza que sabrá darle indicios de sus necesidades. Pero, como siempre, estas recomendaciones no pueden limitarse al diálogo entre la gestante y los profesionales de la salud, se requiere además de una institución que acompañe desde el entorno físico y la gestión, de un compromiso político que facilite la implementación y el control de estas prácticas y de un compromiso social que se involucre en la llegada de cada uno de sus miembros.

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